Como llegamos a ser papas canguros (por Abisinia)

Con 1 día de vida a mi hija le detectaron luxación en la pierna derecha y displasia de caderas. Y es que estuvo más de la mitad del embarazo con una pierna encima de la cabecita.eco(19+5)pierna

El traumatólogo que vino a darnos la noticia nos aseguró que se iba a corregir solo y que no teníamos que preocuparnos ni hacer nada en especial.

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Al cabo de un mes volvimos a escuchar la misma cantinela, que la nena seguía teniendo displasia, pero que no teníamos que preocuparnos y que no había nada que pudiéramos hacer. Y fue lo mismo que nos repitieron en todas las revisiones que siguieron a ésta.

Pero yo notaba que Inés no mejoraba y me sentía inútil y perdida, y siempre que preguntaba a los médicos si yo podía hacer algo me encontraba con una negativa.

Y llegó la revisión de los seis meses. Y de repente empezaron a hablarnos de colocarle un arnés. Mi primera reacción fue preguntar si no se podría haber hecho algo antes y no obtuve ninguna respuesta satisfactoria. Salí de la consulta con la moral por los suelos y el corazón encogido. Nos dieron de plazo dos meses más para ver si mejoraba y si no le colocarían un arnés las 24h.

Pero a mí se me removió algo por dentro. Estaba desesperada por ayudar a mi niña, por hacer algo por ella… Empecé a buscar información más precisa sobre la displasia en Internet. Recuerdo que lloré cuando encontré fotos de los arneses pensando que a mi hija seguramente tendríamos que colocarle uno.

Y entonces fue cuando me acordé del reciente afán de una amiga (gracias, Raquel, sabes que nunca tendré con qué pagarte esto) por los porta bebés. Empecé a profundizar en el tema, a preguntar y para alegría mía ¡a encontrar respuestas! Entré en la página de redcanguro y para mí fue como la puerta al paraíso. ¡Ahí estaba la respuesta que yo había estado buscando! En poco tiempo lo tuve claro, ¡iba a convertirme en una mamá canguro!

Los miedos que me asaltaron fueron muchos. Supongo que los de todas las principiantes. ¿Sabré ponerme el fular y hacer bien los nudos? ¿Le gustará a mi hija, que está acostumbrada al carrito? Y mi mayor miedo ¿servirá de algo ahora, tan tarde y con menos de dos meses para la revisión?

El fular me llegó a mediados de marzo y mis dudas se disiparon. Me apañé con los nudos y a mi hija le encantó ir pegadita conmigo a todas partes (y a mí ir con ella). Eso sí, recomiendo a las mamás empezar antes que yo si es posible y más progresivamente, porque al hacerlo tan intensivo me sobrecargué un poco. ¡Aunque con un masajito me arreglaron sin problemas!

El mes y medio pasó volando. Sin darnos cuenta llegó el temido día de la revisión de los 8 meses. Si he de ser sincera, entré en la consulta convencida de salir de allí con el arnés recetado. Pero para sorpresa mía (y del médico), el grado de displasia había bajado en ambos lados. De casi 30 en izquierda y derecha, a 25 y 27 respectivamente.  Así que nos dijeron que no era necesario ponerle el arnés. El doctor al principio me dijo que la niña había mejorado “espontáneamente”, pero al enseñarle el fular y preguntarle, tuvo que reconocer que seguramente había influido positivamente, porque la postura (hablamos siempre de nudos en los que el bebé tenga las piernas en posición ranita) imita lo que haría un arnés. Así que yo, personalmente, estoy convencida de que el fular ha marcado la diferencia.

Desde aquí quiero animar a todas las mamás que estén en mi situación, que se informen, que no paren de buscar y no se conformen con lo que les dicen los médicos. Que, con displasia o sin ella, los porta bebés son recomendables al 100% para la maduración de las caderas de nuestros pequeños y para otras mil cosas más.

Y ésta es la historia de cómo me convertí en una mamá canguro. Y espero seguir siéndolo aún mucho tiempo más.

Cristina + Inés

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